Conceptos clave de psicología de mercados para la toma de decisiones

“El principal problema del inversor, e incluso su peor enemigo, es probablemente él mismo”. Se trata de la famosa frase de Benjamin Graham, padre del value investing y mentor de Warren Buffett. Hoy el colega Andres Cardenal nos va hablar sobre los ciclos económicos y sobre cómo influyen las emociones y la experiencia que traemos en las decisiones de inversión.

 

Escrito por Andres Cardenal, CFA – Sala de Inversión

 

En definitiva, los mercados financieros están conformados por seres humanos, y por lo tanto, la psicología humana es un factor clave en cuanto a la evolución de los precios y los retornos de las diferentes clases de activos.

 

En los últimos años ha crecido enormemente la aplicación de la psicología al análisis de los mercados financieros, y todo indica que seguramente veremos nuevos desarrollos en esta materia a mediano plazo.

 

 

Sentimiento de mercado: tendencias y extremos

 

A grandes rasgos, podemos decir que existen dos tipos principales de operadores en los mercados: quienes buscan comprar al alza siguiendo las tendencias de precios y quienes compran a la baja tomando una posición contraria a la de las mayorías para conseguir precios atractivos.

 

Ambos enfoques tienen sus ventajas y desventajas particulares, y dependiendo del contexto de mercado podemos obtener mejores resultados con un enfoque u otro. Sin embargo, es muy importante tener en cuenta cómo interactúan en los movimientos de precios los ciclos de mercado y el componente psicológico detrás de ellos.

 

Los ciclos de mercado están caracterizados por una etapa de piso, seguida por una fase de subas, posteriormente un techo, y luego una etapa de ajuste bajista. En estas diferentes etapas es claramente diferente también la psicología del mercado y su impacto sobre las cotizaciones.

 

En la etapa de piso, el sentimiento de mercado es ampliamente pesimista: los precios se encuentran deprimidos precisamente porque las expectativas de retorno a mediano plazo son bajas o negativas. Esta fase es una oportunidad de compra, y en general la apuesta ganadora pasa por posicionarse en contra de la opinión mayoritaria, comprando cuando todos venden.

 

En la etapa de recuperación de precios, el ánimo de los inversionistas suele ir en aumento, lo cual es acompañado también por un incremento en las cotizaciones. En un escenario de este tipo conviene estar del lado de la tendencia y acompañando las subas de precios con órdenes de compra.

 

Los mercados suelen marcar sus máximos en un contexto de optimismo generalizado. Cuando la gran mayoría de los inversores espera retornos elevados, esto probablemente significa que ya han invertido buena parte de su dinero disponible en el mercado. En esta clase de contextos la apuesta ganadora pasa por posicionarse en contra de la mayoría, vendiendo cuando todos compran.

 

Posteriormente, cuando el exceso de optimismo va dando lugar a expectativas más realistas, ésto se ve reflejado en ajustes bajistas de precios. En este caso nuevamente conviene posicionarse a favor de la tendencia bajista, sabiendo que el próximo piso de mercado va a producirse cuando la negatividad de mercado llegue a niveles extremos.

 

El punto central es que la mayor parte del tiempo las cotizaciones van en el mismo sentido que el ánimo del mercado: un aumento de optimismo produce precios al alza, y viceversa. Sin embargo, cuando el optimismo o el pesimismo de mercado alcanzan niveles extremos es de esperar una reversión en la acción de precios.

 

La experiencia y las heridas que deja el mercado

 

Mucho se ha escrito al respecto del valor de la experiencia a la hora de tomar decisiones de inversión. No obstante, es importante saber mirar hacia adelante y no permanecer demasiado sesgado en función del comportamiento pasado de los mercados.

 

Stanley Druckenmiller es uno de los gestores de fondos más reconocidos en el mundo. En el año 1978, era un joven empleado en una compañía de inversiones, y fue nombrado director de análisis de acciones en su segunda posición en la empresa, pasando por encima de otros empleados de la firma con mayor experiencia y trayectoria en el mercado.

 

Cuando Druckenmiller preguntó a su jefe por qué era promocionado a pesar de su corta edad y falta de experiencia, la respuesta fue esclarecedora.

 

“Por la misma razón por la que envían a jóvenes de 18 años a la guerra. Eres demasiado joven y no tienes la experiencia para saber que no te conviene marchar. Hemos tenido un mercado bajista desde 1968; pienso que se viene un gran mercado alcista. Nosotros tenemos cicatrices, no vamos a poder apretar el gatillo. Entonces necesito a un joven sin experiencia para que entre y lidere el ataque”.

 

Las diferentes generaciones de inversores en todo el mundo han atravesado escenarios de los más diversos. Mercados alcistas y bajistas, problemas de inflación, incertidumbre geopolítica y fluctuaciones en las tasas de interés son algunos de los temas más importantes que suelen afectar a los mercados. En función del escenario que hayamos atravesado, esto seguramente va a influenciar nuestra manera de analizar el presente y el futuro.

 

Por supuesto que esta experiencia puede resultar valiosa, aunque siempre es importante tener en cuenta que la mirada debe estar puesta en el futuro y no en el pasado. Un evento como una crisis financiera o un mercado bajista profundo puede dejarnos muchas lecciones valiosas, aunque también algunas cicatrices emocionales que no son fáciles de superar.

 

Cuando tomamos decisiones de inversión, entonces, conviene ser conscientes de en qué medida nuestra experiencia pasada como inversores podría estar sesgando nuestra capacidad de análisis objetiva.

 

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La información en este blog pretende ser útil y precisa para sus lectores. Sin embargo notar que no hay garantía de que la información sea precisa o que pueda cambiar de un momento a otro. Por favor notar que las opiniones vertidas en estas notas no constituyen una recomendación de compra o venta de ningún título valor. Quienes escriben estas notas no asumen responsabilidad por potenciales pérdidas que puedan surgir a partir de la lectura de las mismas. 

Suba de tasas en el mundo y los bonos argentinos

Escrito por Daniela Wechselblatt, CFA

En el lapso de 5 meses la tasa del bono del tesoro americano a 10 años paso de 2.034% a 2.926%, alcanzando el máximo la semana pasada. Se trata de una suba de 90 puntos básicos que, para un periodo tan corto, es altísima.

Como punto de partida, recordemos la diferencia entre la Fed Funds Rate y la tasa del bono del tesoro a 10 años. La primera es la tasa para préstamos interbancarios de un día para el otro y que funciona como tasa de referencia o “piso” para el resto de los emisores de deuda. En ella intercede la Reserva Federal (Banco Central en EEUU), y es la famosa tasa que vienen subiendo desde diciembre del 2015 y que hoy se encuentra en 1.25-1.5%. Se utiliza como herramienta para mantener los objetivos de la Fed en su target: moderar los ciclos económicos, mantener la inflación, alcanzar el pleno empleo y contribuir al crecimiento económico.

 

Luego, está la tasa del bono del tesoro americano. Existe un mecanismo de transmisión que hace que esta suba de tasas de referencia arrastre al resto de ellas, como la del bono del tesoro. Pero no es algo automático, sino que depende de la oferta y demanda propia del mercado, y de las expectativas de inflación.

 

Durante la mayor parte del 2017, si bien las tasas de referencia subieron, esto no se traspasó a la tasa del bono a 10 años, en parte porque la inflación no despegaba. Recién hacia fines de diciembre se aceleró la escalada con la suba que muestro en el gráfico anterior. Esto vino de la mano del aumento en las expectativas de inflación en EEUU, luego de la última reunión presidida por Janet Yellen que fue en enero. Esto trajo como consecuencia la caída principalmente de los bonos largos en USA y en el mundo, así como un aumento en la volatilidad de los mercados.

 

 

¿Cómo afecta este escenario a la Argentina?

Los activos argentinos no se salvaron del golpe, y el impacto fue hasta más profundo que en otros países de la región. Vimos caer tanto a la renta fija de largo plazo como a la variable. En este caso se juntaron dos efectos: duración + vulnerabilidades propias de la economía argentina que quedaron en evidencia. El primero de ellos refiere a la sensibilidad de los precios de los bonos ante movimientos en la tasa de interés, afectando principalmente a los bonos con vencimiento más largo. Esto es algo que impactó en todos los bonos a nivel mundial.

 

Yendo al segundo punto, ¿cuál es la principal vulnerabilidad de la economía argentina? Estamos inmersos en un escenario de déficit fiscal donde existen dos formas de financiarlo: a través de emisión monetaria o con la emisión de deuda externa. El gobierno anterior optó por la primera alternativa, lo que nos dejó en la situación inflacionaria complicada que tuvo y tiene que enfrentar la nueva dirigencia. Por el contrario, la actual forma de financiarlo es a través de la emisión de deuda externa. Esto genera una dependencia que es completamente dañina en momentos como estos, porque la tasa del bono del tesoro americano es un “piso” sobre el que se calcula el riesgo de cada país. Y si el piso se eleva, el costo del endeudamiento también. Ahí se nos complica la existencia porque tenemos que salir a pedir plata prestada a precios más caros.

 

Por otro lado, la devaluación del peso argentino que vivimos en los últimos dos meses dificulta el panorama a la hora de evaluar la capacidad de repago de deuda en dólares. En pocas palabras, ahora necesitamos más pesos para saldar la misma deuda en moneda dura. Esto hace que seamos menos confiables como emisores.

 

 

Como conclusión, en este último tiempo quedó en evidencia la elevada exposición del mercado argentino a los shocks externos. Los únicos bonos en los que el impacto fue limitado fueron los de vencimiento corto. Vivimos un 2017 con el mercado local de fiesta, pero en la vida nada es gratis y en algún momento nos toca pagar la cuenta.

 

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Reportes de resultados: Tres números clave a tener en cuenta

En plena temporada de resultados de balances de las compañías, es importante poder interpretar dos datos fundamentales: ventas y ganancias. El colega Andres Cardenal nos da su opinión al respecto y vemos como impacta en la tercer variable, que es el precio de nuestras acciones.

 

Escrito por Andres Cardenal, CFA – Sala de Inversión

 

Los reportes de resultados de las empresas suelen tener en un impacto considerable sobre los retornos de las acciones a mediano plazo. Si bien un informe oficial incluye una amplia variedad de factores a tener en cuenta, podemos resumir los datos más importantes en tres variables determinantes: evolución de ventas, datos de ganancias y reacción de precios.

 

Todo empieza en las ventas

 

El dato de ventas es fundamental, ya que nos muestra la tasa de crecimiento del negocio. Además, muchos negocios tienen una relación directa entre ventas y márgenes de rentabilidad, lo cual implica que los niveles de rentabilidad crecen cuando crecen las ventas. En el mismo sentido, cuando las ventas superan las expectativas del mercado es habitual que las ganancias también estén por encima de lo esperado.

 

Las ventas son una variable clave desde el punto de vista competitivo. Las compañías que superan el crecimiento de ventas de sus competidores son las que mejor se posicionan para sostener los resultados en el mediano plazo, lo cual es obviamente muy favorable para el precio de las acciones.

 

Cuando evaluamos los números de ventas, tenemos que pensar no solo en el dato reportado, sino en las expectativas del equipo directivo respecto al crecimiento de las ventas en el futuro. El mercado financiero es un mecanismo de descuento, y la evolución de precios en un activo depende más de sus perspectivas de crecimiento hacia adelante que de su crecimiento informado en el pasado.

 

Las ganancias y el valor de las empresas

 

El dato de ganancias es el que más llama la atención en el mercado; generalmente muchos analistas y medios de prensa suelen centrar su atención en esta variable. En definitiva, el valor de una compañía depende de las ganancias que la empresa pueda generar en el tiempo, entonces es comprensible que el número de ganancias tenga una importancia mayúscula para los inversores.

 

Al respecto, es importante prestar atención a la diferencia entre factores recurrentes y extraordinarios. No tienen el mismo valor las ganancias de la firma que provienen de sus operaciones habituales que una ganancia de una sola vez, por ejemplo, debido un ajuste contable o la venta de un activo.

 

Al igual que sucede con las ventas, las ganancias de la compañía en el período reportado son importantes, pero las expectativas de ganancia futura pueden ser incluso más determinantes para el mercado.

 

Reacción de precios

 

Además de analizar los números de ventas y ganancias, así como especialmente las expectativas del management al respecto de estos indicadores, resulta fundamental evaluar la acción de precios luego del reporte de resultados, ya que esto nos dice mucho sobre la opinión del mercado y su interpretación de los datos.

 

A corto plazo la reacción de precios tiende a ser bastante impredecible y poco representativa. Suele suceder que un activo baje de precios apenas se publica el reporte de resultados, para luego terminar subiendo con fuerza, o viceversa.

 

Los reportes de ganancias se publican en momentos en los cuales el mercado está cerrado, ya sea antes o después de la apertura oficial de operaciones. Se conoce con el nombre de pre-market y after-market respectivamente a las operaciones de compra-venta que se realizan de esta manera.

 

Generalmente en los mercados de pre-market y after-market, los volúmenes son sensiblemente más pequeños y la acción de precios más volátil y discontinua. Por lo tanto, una orden de compra o de venta por un tamaño significativo puede afectar considerablemente la cotización del activo, sin que esto esté necesariamente reflejando un consenso entre los operadores.

 

Además, muchas veces las operaciones fuera del horario oficial se realizan con un horizonte temporal agresivamente corto; por lo tanto, las decisiones se basan en criterios que muchas veces no tienen que ver con la salud fundamental del negocio en cuestión y el potencial de las acciones en el mediano plazo.

 

Es conveniente analizar la acción de precios posterior al reporte de ganancias luego de un día completo de cotización. Si el reporte fue por la mañana podemos observar el cierre del día, mientras que si el reporte es por la tarde deberemos esperar al cierre de operaciones al día siguiente.

 

En ese plazo de tiempo ya se llevó adelante la conferencia de prensa posterior al reporte de resultados, lo cual ofrece mucha información valiosa al mercado. En el mismo sentido, tanto los analistas como los inversores disponen del tiempo necesario para procesar y analizar la información relevante.

 

Siempre es importante tener en cuenta que el movimiento de precios en el día puede responder a cuestiones relacionadas con el mercado en general, más allá del reporte de resultados de la compañía. Sin embargo, en las primeras horas luego de un reporte de resultados es de esperar que los datos publicados sean el principal factor detrás de los movimientos de precios.

 

En conclusión, analizando la evolución de ganancias, ventas y la acción de precios podemos tener una idea clara al respecto del último reporte de ganancias de una empresa y lo que ésto significa para los inversores.

 

El escenario ideal es cuando tanto ventas como ganancias superan a las expectativas y la compañía ofrece además perspectivas alentadoras sobre la evolución de estas variables. Si adicionalmente el mercado acompaña estos datos con una fuerte ola de órdenes de compra, entonces queda claro que la empresa ha reportado buenas noticias.

 

 

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La caída del Dow de más de 1500 puntos y el flash crash

Escrito por Daniela Wechselblatt, CFA

 

Lo primero que hay que saber, es que esta caída no tiene causas fundamentales y que no hubo ninguna noticia que sea puntualmente el disparador del desplome.

 

Algunos analistas llegaron a referirse a la caída de ayer como “flash crash”, que hace referencia a una caída rápida y pronunciada en un periodo de tiempo muy corto.

A continuación, podemos ver el gráfico de los últimos cinco días con la caída del ETF del Dow (DIA – velas rojas y verdes) y el S&P (SPY – línea violeta):

 

Acá vemos el índice que mide la volatilidad en un gráfico que muestra los últimos tres años. Pasamos de estar en niveles mínimos en noviembre al disparo que vimos esta noche llevando la volatilidad a niveles similares al 2015, último flash crash.

Algunos culpan a la Reserva Federal, marcando que en la reunión de la semana pasada, hicieron hincapié en que la inflación está tomando velocidad. Los inversores inmediatamente temen que la Fed acelere su ritmo de suba de tasas de interés y que se le ponga un freno al crecimiento económico. ¿Estaremos llegando al final de la era de tasas cero que nos acompañó por casi una década? Es uno de los interrogantes que los inversores se plantean en días como los que vivimos esta semana.

 

 

¿Hay problemas realmente?

 

Tenemos una realidad con aspectos positivos y algunos no tanto. Los positivos son que la economía en EEUU sigue creciendo, que los trabajadores tienen más poder de negociación porque el desempleo cada vez es más bajo y el dato que fue anunciado el viernes fue del aumento de salarios fue del 2.9% en enero en un contexto de una tasa de desempleo del 4.1%. Se trata de valores no vistos desde la última crisis en 2008. Esto indica que la economía va por buen camino pero que, a su vez, muestra signos de recalentamiento.

 

 

Por otro lado Bill Gross, reconocido portfolio manager y uno de los gurúes del mercado de bonos en el mundo, nos recuerda que la Fed todavía tiene un activo de USD 4.4 trillones para reducir, que contiene en gran medida bonos que fueron adquiridos como parte de la política monetaria acomodativa que ayudó al país a salir de la crisis en el 2008. Y a esto se le suma el déficit fiscal que irá pronunciándose con los recortes impositivos que anunció Trump como parte de la reforma tributaria.

 

 

¿Cómo vemos la tasa del bono del tesoro a 10 años?

 

Estamos alcanzando los niveles más altos desde el 2013. Hoy se encuentra en 2.77%.

 

Recordemos que el Dow subió más del 40% desde que Trump fue elegido presidente, periodo que comprende también una impresionando alza del 20% del S&P durante el 2017 y el comienzo más acelerado que nunca del 2018. Muchos esperaban una corrección durante el 2017, cosa que no sucedió.

 

Parece que ahora finalmente está llegando, pero de la mano de technicals (movimientos de corto plazo) más que de fundamentals, en un escenario donde la volatilidad se disparó. Una de las razones es que luego de tanta estabilidad muchos inversores no tenían protección a la baja y la compra de puts del S&P por encima del precio medio de negociación hizo que se dispare el VIX. Otra razón es que se encuentran muy apalancados, haciendo que los movimientos sean exagerados. Lo que siempre debemos tener en cuenta es que los mercados se mueven rápido, pero eso no significa que los fundamentos cambien al mismo ritmo. Todavía no vemos que este sea el momento en que la tendencia alcista de largo plazo se revierta.

 

 

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¿Qué son y para qué sirven los ETFs de bonos de corto plazo?

Luego de la última reunión de la Fed con Janet Yellen como presidenta, las tasas de interés de referencia quedaron sin cambios. De todas formas, estamos atravesando un escenario de alza de tasas en EEUU. Recordemos que en diciembre se la subió al rango de 1.25-1.5%. En este contexto es importante tener en cuenta que las inversiones en bonos de corto plazo nos permiten reducir la volatilidad y la posible caída en el precio de nuestros bonos. Hoy en día la tasa del bono del tesoro a 10 años se ubica en 2.73%, el nivel más alto desde el 2014.

 

Se pueden comprar bonos cortos de forma directa, o adquiriendo ETFs preferentemente que acumulen los cupones en lugar de distribuirlos, brindando así beneficios impositivos al diferir el pago del impuesto a las ganancias. A continuación, el colega Andres Cardenal nos explica con mayor detalle qué son y cuáles son las ventajas de los ETFs de bonos de corto plazo.

 

Escrito por Andres Cardenal, CFA – Sala de Inversión

 

Los fondos cotizados en Bolsa (ETFs, por sus siglas en inglés) de bonos de corto plazo muchas veces no reciben la atención que merecen por parte de los inversores. Si bien se trata de instrumentos relativamente estables y conservadores, tienen mucho que aportar cuando se trata de reducir los riesgos del portafolio y proteger nuestro dinero para capitalizar las oportunidades de compra que puedan presentarse en el futuro.

 

Conociendo a los ETFs de bonos de corto plazo

 

Un fondo cotizado en Bolsa de bonos es simplemente un vehículo diversificado para invertir en una canasta de instrumentos de renta fija. En lo que respecta a los plazos, estos fondos pueden diferenciarse en 3 tipos diferentes:

 

– Los ETFs de bonos de largo plazo invierten en bonos con vencimientos que están por encima de los diez años, en muchos casos llegando incluso a los 30 años.

– Los ETFs de bonos de mediano plazo se enfocan en bonos con vencimientos que están entre los 3 y los 10 años de plazo.

– Por último, los ETFs de bonos de corto plazo invierten en activos con vencimientos que están entre 1 y 3 años.

 

Un punto especialmente importante a tener en cuenta cuando invertimos en bonos es el de la sensibilidad ante los movimientos en las tasas de interés de mercado. Los bonos de plazos más largos suelen pagar rentabilidades más elevadas que los bonos de corto plazo; sin embargo, su precio también cae con mayor violencia cuando aumentan las tasas de mercado.

 

Sin entrar en tecnicismos, pensemos por ejemplo en un bono cero-cupón, es decir, un bono que no paga intereses y paga todo el capital al vencimiento. Si el bono tiene un valor nominal de 1000, un vencimiento de un año, y el precio de mercado es de 950, esto significa que la rentabilidad del bono es de 5,26%. Es decir, el inversor paga hoy un precio de mercado de 950 para recibir 1000 dentro de un año, lo cual arroja una rentabilidad anual del 5,26%.

 

¿Qué sucede si aumenta la tasa de interés de mercado y el inversor puede ahora comprar bonos con un riesgo similar y una tasa mayor de rentabilidad? Por ejemplo del 10%.

 

En este caso, el inversor prefiere los bonos nuevos con una rentabilidad mayor y un riesgo equivalente. Por lo tanto, el precio del bono deberá caer a 909,09, lo cual genera una rentabilidad del 10% contra el precio de entrada, que se encuentra en línea con las nuevas tasas de interés en el mercado.

 

En definitiva, existe una relación inversa entre el precio del bono y las tasas de interés. Además, mientras mayor es el plazo de vencimiento del bono, más sensible es su precio frente a los movimientos de las tasas de interésUn bono de largo plazo suele tener mayor volatilidad que uno de corto plazo, subiendo y bajando de precio en mayor magnitud según la evolución de las tasas de interés en el mercado.

 

El punto saliente, entonces, es que un bono de corto plazo es bastante más estable que un bono de mediano y largo plazo. Sus tasas de rendimiento también son más modestas, aunque suelen estar por encima de la tasa de inflación, lo cual es muy importante para los inversores.

 

¿Para qué sirve un ETF de bonos de corto plazo?

 

Esta clase de instrumentos pueden tener una amplia variedad de beneficios, pero el aspecto más relevante es que se trata de alternativas superadoras frente al dinero en efectivo o un depósito bancario.

 

No es ningún secreto que los precios de las acciones se encuentran en niveles máximos en diferentes mercados del mundo. Es difícil saber si estamos frente a un mercado alcista continuado o cerca de un cambio de tendencia. Sin embargo, tiene sentido conservar efectivo y ser cautelosos con las compras de acciones cuando los precios son elevados.

 

En los mercados de bonos de mediano y largo plazo la situación es incluso más complicada para el inversor. Las tasas de interés en todo el mundo han estado bajando a lo largo de los años, y muchos analistas coinciden en que podríamos estar frente a una reversión en esta variable clave, con tasas de interés al alza durante los próximos años. Si esto sucede, los precios de estos bonos podrían tener retornos más bajos de lo esperado.

 

Un ETF de bonos de corto plazo puede ser una gran alternativa para inversores que quieran mantener su dinero a bajo riesgo, pero buscando retornos que superen los niveles de inflación.

 

Contar con dinero fresco y bien protegido no solo reduce la volatilidad del portafolio en un escenario adverso. Además, brinda opcionalidad, ya que podemos utilizar ese dinero para capitalizar las oportunidades de compra en caso de que se presenten. Esto tiene claras implicancias positivas sobre el perfil de riesgo y retorno de nuestro portafolio. 

 

Una frase muy habitual en el mercado es que el dinero es el rey (“cash is King”). Esto significa que contar con dinero fresco no solo reduce el riesgo y la volatilidad de nuestras inversiones, sino que también nos permite aprovechar las oportunidades que puedan presentarse en el futuro.

 

Los ETFs de bonos de corto plazo protegen nuestro efectivo frente al efecto de la inflación, y lo hacen asumiendo niveles de riesgo relativamente bajos. Si el efectivo es el rey, un ETF de bonos de corto plazo puede ser considerado el rey entre los reyes.

 

 

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