Bonos argentinos: los más odiados por los inversores conservadores

Escrito por Daniela Wechselblatt, CFA – Columna para Perfil

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Todos sabemos que este año va a ser uno de esos llenos de incertidumbres, un clásico de períodos electorales en la Argentina. La pregunta que nos hacemos como inversores locales es, luego de esta tibia recuperación de los bonos argentinos del último mes, ¿vendemos o mantenemos?

Pareciera que el porvenir de nuestros odiados bonos argentinos que tanto nos hicieron sufrir dependiera netamente de la política, de la supervivencia de este gobierno y, todavía peor, de la estabilidad y crecimiento de la economía mundial. Ya vimos durante casi todo el 2018 lo vulnerables que son los títulos a los vaivenes de los mercados globales y a los movimientos de tasas de interés en el exterior.

 

Hoy en día, luego de varios cisnes negros electorales que se dieron en el último tiempo como el triunfo de Trump o el Brexit, terminamos entendiendo lo peligroso que es hacer futurología en el ámbito de la política. Evidentemente las encuestas cada vez tienen menos capacidad de predecir resultados electorales.

 

Cuanta mayor incertidumbre existe, más proliferan los “opinólogos” en todos los ámbitos posibles. Hay que tener especial cuidado y no basar nuestras decisiones de inversión netamente en sus intentos de predicciones. Algunos aceptan que no tienen la bola mágica mientras que otros opinan como si fuesen dueños de la verdad.

 

 

Conocer nuestro perfil de inversor

 

Volviendo al dilema sobre qué hacer con los bonos argentinos, en vez de obsesionarnos y recaer en el engaño de la futurología, tendríamos que enfocarnos en lo que sí sabemos y sí conocemos que es a nosotros mismos. ¿Qué quiero decir con esto? Cuando armamos la cartera de inversión no se trata sólo de entender el contexto macroeconómico y la naturaleza del activo, hay una parte muy importante en la toma de decisión que está relacionada con el perfil de inversor de cada uno. Esta es la parte que sí está a nuestro alcance.

 

Veamos ejemplos. Si hablamos de una persona retirada, que no genera nuevos ingresos y que vive de rentas, la lógica indica que deberíamos invertir de forma conservadora. En este contexto no parece ser una buena idea tener todo nuestro capital expuesto al riesgo argentino, ¿cierto? Pensemos en un bono en cesación de pagos, el retirado necesita de los ingresos para vivir y no se puede dar el lujo de esperar a una oferta de canje o arreglo con acreedores que puede tardar años.

 

En cambio, si estamos hablando de una persona joven, que genera un ingreso constante y con un buen excedente que no necesita para vivir, nos referimos a alguien que podría tener un perfil de riesgo moderado a arriesgado y que tiene toda una vida por delante para recuperarse de las bajas de mercado sin necesitar de ese capital.

A mayor plazo de inversión, sumado a una baja dependencia de ese dinero y mayor posibilidad de generar nuevos ingresos, la capacidad que tenemos de tomar riesgos aumenta.

Si todavía no tenes en claro cuál es tu perfil de riesgo solicitá el cuestionario acá y enterate.

 

Además de la capacidad que tenemos de tomar riesgos, debemos considerar nuestro deseo de querer hacerlo. Si una inversión nos quita el sueño y no nos deja dormir, no es para nosotros. En este caso a pesar de que tengamos capacidad, no estamos preparados para el riesgo y no deberíamos tomarlo.

 

 

Lo que es indiscutible es que los bonos argentinos hoy en día son para un inversor con un perfil moderado a arriesgado. Cualquier activo que rinde más de un 10% anual en dólares, cómo es el caso de toda la deuda argentina que vence post elecciones, sólo es apto para inversores con temple.

 

A continuación podemos ver las características y rendimientos de algunos de ellos:

 

Fuente: elaboración propia

 

Entender nuestra aversión al riesgo es la clave para tomar la decisión. Los bonos argentinos tuvieron como atractivo el hecho de que eran completamente exentos de impuestos hasta el año pasado y la mayor compra se dio luego del cambio de gobierno, con una esperanza de mejora económica que no se cumplió. Las condiciones cambiaron dramáticamente. Hoy en día es comprensible y hasta recomendable que aquellos inversores conservadores que entraron durante el 2016 y 2017 tomen la decisión de ir desarmando las posiciones en bonos argentinos porque ya no coincide con su perfil de inversión.

La historia cambia si hablamos de inversores que pueden convivir con la incertidumbre y en los casos en los que las inversiones locales son un porcentaje acotado del patrimonio, la situación es muy diferente. Ahí sí podremos asumir el riesgo entendiendo que va a ser uno de los años más volátiles del último tiempo y aprovechar semejantes rendimientos. Por esta misma razón, los bonos son odiados por los inversores conservadores y a la vez buscados por quienes desean altas rentabilidades.

 

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La información en este blog pretende ser útil y precisa para sus lectores. Sin embargo notar que no hay garantía de que la información sea precisa o que pueda cambiar de un momento a otro. Por favor notar que las opiniones vertidas en estas notas no constituyen una recomendación de compra o venta de ningún título valor. Quienes escriben estas notas no asumen responsabilidad por potenciales pérdidas que puedan surgir a partir de la lectura de las mismas.
Fuente Imagen

Hay más oportunidades en el mercado de bonos que lo que todos creen

Escrito por Daniela Wechselblatt, CFA

 

Mucho se habla de estrategias y trading de acciones, pero no tanto sobre las oportunidades en la renta fija. ¿Cuáles son las razones para vender bonos y comprar otros antes de su vencimiento? ¿Qué oportunidades podemos encontrar?

 

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Razón 1: Capturar tasa

 

Es la motivación más común, se trata de encontrar las oportunidades. Por ejemplo, podemos tener dos bonos de similares condiciones de emisión y duración. El primero es un bono de General Motors (GM) y el segundo es de Ford Motors (F), ambos con calificación crediticia* de BBB/Baa3 pero Ford rinde unos 100 puntos básicos más que GM.

¿Cuál es la razón? En este último tiempo las ventas de Ford disminuyeron, los márgenes de las operaciones en China declinaron y se le sumaron pérdidas en Europa por costos relacionados con el Brexit. De todas formas, la liquidez de la compañía es buena y la posición competitiva en EEUU es fuerte. La oportunidad puede aparecer si creemos que estas dificultades son temporales y que luego vendrá una compresión de spreads.  De ser así tendríamos que aprovechar y vender el bono de GM para comprar el de Ford capturando el spread de tasa.

 

 

Razón 2: Upgrade de calificación crediticia

 

Estos trades (transacciones) se dan cuando esperamos una mejora en la calificación crediticia de un bono que aún no está reflejada en el precio. Algunos inversores cambiarán un bono por el otro, en base al potencial de mejora en la calificación. Estas transacciones se basan en el correcto análisis crediticio, evaluando cash flows, estructura de capital, activos en garantía, riesgo del negocio, de la industria, del país, entre otros. Suelen darse en bonos de alto rendimiento (high yield) con calificación BB+/Ba1 que están comenzando a mejorar sus balances y tener suficientes fundamentos positivos como para dar el salto a “grado de inversión” (investment grade), con calificación BBB-/Baa3.

Esto pasó por ejemplo con HCA que es una compañía de centros de atención médica de EEUU. Durante enero de este año recibió una mejora en la calificación crediticia colocándolo en la categoría de grado de inversión. Los inversores se beneficiaron con esta suba en la calificación y ahora muchos están desprendiéndose del papel para entrar en otros con mayor rendimiento.

 

 

Razón 3: Downgrade de calificación crediticia

 

Básicamente se trata del caso contrario al anteriormente mencionado. Implica vender bonos de empresas o sectores con expectativas de deterioro en los balances o fundamentos crediticios. Muchas veces ocurre que cuando las calificadoras de riesgo (S&P, Moodys, Fitch) reducen alguna calificación, los fondos de pensión o de renta fija salen a vender el bono para cumplir así con sus lineamientos internos (deben tener bonos con un mínimo de rating crediticio), haciendo que la caída en el precio se acentúe. Este suele ser el peor momento para vender los papeles.

Durante diciembre hubo varios rumores de una baja en la calificación crediticia en General Electric. Más que un momento para la venta, muchos lo aprovecharon para adquirir el papel.

 

 

Razón 4: Rotación de sectores

 

En esta estrategia, la idea es sacar ventaja de sectores que superen en desempeño a otros. Por ejemplo, si se prevé una recesión, es conveniente salir de sectores cíclicos (como automóviles o retail) y entrar en anti-cíclicos (como alimentos, bebidas y farmacia), que se verán perjudicados en menor medida.

 

 

¿Por qué son oportunidades para renta fija?

 

En comparación con las acciones, el enfoque es diferente y los riesgos son más reducidos ya que la volatilidad en el precio de los bonos es menor. Estas estrategias terminan siendo interesantes para un perfil de riesgo conservador. Recordemos que cuando adquirimos bonos lo que más nos importa es que la empresa no quiebre, entonces centramos el análisis en el flujo de efectivo y no tanto en el potencial de crecimiento ya que al tener bonos nuestro potencial de suba es limitado.

 

Para concluir, en momentos de alta volatilidad en los mercados de deuda, como se está dando en este período, es cuando más aparecen las oportunidades mencionadas. Es importante que estemos atentos para así ganar rendimiento adicional al que ya se obtiene por el cobro de cupones, y que nuestras estrategias nos rindan cada vez más. La idea es sacar provecho de expectativas de aumentos o disminución de las tasas de referencia, cambios en la curva de tasas y la reinversión de cupones.

 

 

* Las calificaciones crediticias son opiniones prospectivas sobre el riesgo crediticio. Las calificaciones crediticias expresan la opinión de la agencia sobre la capacidad y voluntad de un emisor, sea una empresa, estado o gobierno municipal, para cumplir en tiempo y forma con sus obligaciones financieras. Se expresan como grados en letras que van, por ejemplo, de la ‘AAA’ a la ‘D’, siendo AAA la calificación más alta (Fuente: Standard & Poor’s).

 

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