Los mercados financieros en el mundo y la economía real están en otra sintonía

Escrito por Daniela Wechselblatt, CFA – Columna para Infobae

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El 23 de marzo fue el día en que las acciones americanas tocaron su piso en medio de un clima de fuerte pesimismo cuando los mercados incorporaron en el precio la gravedad del impacto económico del Covid. Parecía la tormenta perfecta para Trump, luego de muchísimo esfuerzo por mantener a la economía sobre rieles su campaña electoral podía peligrar por otro cisne negro. El miedo de que la cadena de pagos se interrumpa a causa del freno abrupto en las ventas de ciertos sectores fue una idea que aterró a los inversores. Pero de repente las expectativas cambiaron. ¿Qué pasó? La Reserva Federal hizo dar un vuelco en las perspectivas luego de anunciar que de ser necesario intervendría con artillería pesada para contrarrestar la situación. Ya el 15 de marzo decidieron llevar las tasas de interés a cero, y ese famoso 23 de marzo, la Fed anuncia expansión cuantitativa ilimitada con el objetivo de frenar lo que parecía ser la debacle financiera más grande de la historia.

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¿Qué significa el programa de expansión cuantitativa?

Significa que la Fed utiliza una herramienta para aumentar la oferta de dinero y lo logra mediante la recompra de bonos. En el 2008 ya lo había hecho al adquirir bonos del tesoro americano e hipotecas “basura”, recordemos que aquella crisis vino del lado de las hipotecas. La novedad ahora es que también está recomprando bonos corporativos americanos y los incorpora en su balance. Esta medida suele ser utilizada cuando ya no alcanza con los métodos habituales como la baja de las tasas de interés que ya estaban ubicadas en cero. Veamos a continuación la evolución del balance de la Fed desde el 2004.

En el 2008 el balance era de menos de 1 trillón de dólares y se estabilizó a partir del 2014 en 4.5 trillones. Hoy en día, desde marzo hasta ahora el aumento fue de 4.1 trillones a más de 7 trillones. Básicamente, el aumento del balance tiene como contrapartida emisión monetaria.

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¿Cuáles son las pálidas de hoy en día?

  • Nos encontramos en medio de una pandemia que afecta la actividad económica de la mayor parte del planeta y que no sabemos si pueda llegar a tener rebrotes en el corto plazo.
  • El nivel de desempleo se eleva a casi el 15% en EEUU, el mayor de las últimas décadas. Veníamos de una situación de pleno empleo que cambió radicalmente de la noche a la mañana.
  • Tensión de EEUU con China que ya venía desde antes de la pandemia y ahora en aumento.
  • Fuertes protestas y saqueos en puntos claves de EEUU por la muerte de George Floyd.

En otro contexto estos eventos hubiesen causado estragos en los mercados financieros, pero sorpresivamente no está ocurriendo. La contundente y rápida acción de la Fed logró revertir la tendencia a la baja que vimos hasta el 23 de marzo y los inversores evidentemente tienen confianza de que esta “protección” se mantendrá.   

Adicionalmente, la fuerte emisión monetaria de la Fed hace que muchos inversores decidan posicionarse en acciones para cubrirse de la posible presión inflacionaria a futuro que les haga perder poder adquisitivo y esto empuja a las acciones a subir de precio.

Por último, a los mercados les encanta anticiparse y hay un optimismo fuerte por la reapertura de los comercios, se apuesta a que todo vuelva a la normalidad pronto con o sin virus.

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¿Será que en algún momento el mundo financiero y la economía real volverán a ir de la mano? De todo esto podemos obtener varias lecciones:

  • Para quienes shortearon esperando la llegada del fin del mundo, si bien los datos de la economía real son alarmantes no sirve apostar en contra de la billetera más fuerte del planeta que es la de la Fed. Su intervención cambió el esquema y el S&P ya volvió a los valores de principio de marzo.
  • No tratar de especular en el corto plazo queriendo ganarle al mercado. Siguiendo la famosa frase de Keynes ““Los mercados pueden mantener su irracionalidad más tiempo del que tú puedes mantener tu solvencia”. Y mas allá de la irracionalidad de los inversores, las variables que pueden afectar a los precios son prácticamente infinitas.
  • Si no podemos predecir lo que ocurrirá en el corto plazo, nos queda enfocarnos en el largo. Y para eso lo mejor que podemos hacer es buscar compañías que tengan un buen modelo de negocio sostenible en el tiempo y que se vean beneficiadas por el nuevo orden post pandemia. Apuntar a empresas que, si llegara a venir una nueva caída en los mercados, nos den la confianza para mantenerlas en nuestra cartera hasta que la situación se revierta.

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La información en este blog pretende ser útil y precisa para sus lectores. Sin embargo notar que no hay garantía de que la información sea precisa o que pueda cambiar de un momento a otro. Por favor notar que las opiniones vertidas en estas notas no constituyen una recomendación de compra o venta de ningún título valor. Quienes escriben estas notas no asumen responsabilidad por potenciales pérdidas que puedan surgir a partir de la lectura de las mismas.

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El extraño optimismo de Wall Street y la búsqueda de empresas de valor

Escrito por Daniela Wechselblatt, CFA – Columna para Infobae

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La temporada de resultados de balances del primer trimestre comenzó y los festejos en Wall Street también. Ya reportaron compañías referentes del mercado como Google, Microsoft, Facebook, Netflix, 3M, entre otras.

Muchos analistas están empezando a hacer estimaciones de lo que pueda pasar en el segundo trimestre, pero la realidad es que las cuarentenas empezaron a fin de marzo y los resultados de ahora nos aportan pocas pistas sobre lo que podría venir. Por su lado, las empresas se abstienen de comentar sobre sus expectativas para el segundo trimestre que claramente es el más preocupante.

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¿Cómo funciona la dinámica de los resultados de balances?

La temporada suele comenzar unos días después de que cierran los trimestres en marzo, junio, septiembre y diciembre, y dura aproximadamente 6 semanas. Durante este lapso los precios de las acciones pueden llegar a sufrir grandes fluctuaciones. No es descabellado observar acciones con saltos abruptos de un 20% o desplomándose de un momento para el otro.

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¿Por qué ocurre esto en Wall Street?

Se trata de una época en la que los mercados se encuentran muy activos. El resultado de balances es un evento que afecta tanto a los analistas que los estudian a fondo y se guían por fundamentos como a los traders que especulan con los movimientos de corto plazo. Todos ellos hacen que la volatilidad en los precios aumente.

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¿Cuál es la clave para entender los movimientos en el precio de la acción cuando se anuncian los resultados de balances?

A diferencia de lo que muchos se imaginan, el movimiento en el precio de la acción a la fecha del anuncio de resultados, no se da en función de que la compañía reporte pérdidas o ganancias.

La dinámica funciona de la siguiente forma: para todas las empresas que tienen balances públicos van a existir estimaciones consensuadas de ganancias, ventas, anuncios de nuevas líneas de negocios, entre otras cosas. Van a estar calculadas por diferentes analistas y van a darse a conocer, lógicamente, antes de que la empresa reporte números. La clave está en la diferencia entre las estimaciones de ganancias de los analistas vs. el valor realmente reportado. ¿Por qué? Porque el movimiento se genera con la sorpresa. Recordemos que el mercado descuenta todo en los precios, con lo cual las pérdidas o ganancias estimadas por los expertos al momento en que la compañía reporta resultados ya están reflejadas. Esto hace que la variación en el precio se produzca principalmente por expectativas no alcanzadas o superadas, más que por resultado absoluto. Además, el momento del anuncio siempre se da en horas donde el mercado de valores está cerrado y operan pocos participantes, con lo cual la fluctuación inicial ocurre en un volumen muy pequeño y no del todo representativo para el largo plazo.

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¿De dónde surgen las estimaciones consensuadas?

Se trata de la combinación de estimaciones de los analistas que cubren las acciones que cotizan públicamente. Estas estimaciones no son a ciencia cierta, pueden diferir ya que surgen de balances proyectados, modelos de valuación utilizados, y research en donde siempre nos tenemos que basar en supuestos sobre eventos futuros que podrían no ser acertados. En muchas páginas web abiertas al público se puede encontrar esta información. Una de las principales fuentes de información para los analistas es la misma estimación que da el CFO o el CEO de la compañía cuando justamente anuncia el resultado del balance anterior en la rueda de prensa, que en un contexto normal suele ser bastante acertado. De esta forma evitan movimientos bruscos en el precio de la acción.

El problema ahora es el siguiente: todos sabemos que el segundo trimestre del que ya transcurrió un mes quedará para el olvido por la baja en la facturación a causa de las cuarentenas. Ningún management está animándose a lanzar cualquier tipo de proyección, sobre todo porque el trimestre todavía está en curso y no sabemos en qué momento la actividad económica se vuelva a reactivar. ¿Para qué pronosticarían la catástrofe si todavía tenemos mayo y junio por delante que pueden llegar a salvar el trimestre? Adicionalmente y como es sabido, la SEC revisa los lineamientos anuncia el management y si se alejan mucho de la realidad también pueden llegar a tener problemas legales, por eso lo mejor en esta ocasión es dar menos información.

Básicamente el escenario de incertidumbre es total, los analistas tienen muy pocos elementos para calcular sus estimaciones y la volatilidad que esto puede generar en los precios es elevada.

En la medida en que transcurran los dos próximos meses veremos con mayor claridad el panorama de las empresas en el mundo. De todas formas y como buenos analistas, es el momento de encontrar valor y de enfocarnos en los negocios que pueden llegar a salir favorecidos de este nuevo orden post pandemia. ¿Se reducirán los espacios de oficinas ahora que entendemos que podemos trabajar también desde nuestros hogares y aumenta el trabajo remoto? ¿Hay futuro para las compañías de cruceros? ¿Se pronunciará la tendencia a la desaparición de las tiendas físicas ahora que cada vez nos acostumbramos más a las compras online?

Si bien ahora estamos frente a una aparente calma y optimismo de mercados, más adelante pueden surgir nuevas oportunidades en la medida en que esta incertidumbre se vaya despejando y quede más claro quiénes son los ganadores y los perdedores en el largo plazo. Todavía nos queda pasar por la tormenta de los resultados del segundo trimestre a ser anunciados partir de julio que generarán volatilidad en los mercados, pero nosotros debemos enfocarnos en las empresas que sobrevivirán y se readaptarán a esta nueva realidad en el largo plazo.

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Coronavirus: la economía vs. la salud y los mercados financieros en el mundo

Escrito por Daniela Wechselblatt, CFA – Columna para Infobae

 

Nos estamos enfrentando a un enemigo que cambió todos nuestros hábitos prácticamente de un día para el otro. Es la primera vez en la que la sociedad debe unirse y actuar en conjunto. De nada sirve que algunas personas estén en cuarentena y otros circulando por la calle, sino que las acciones tienen que hacerse de manera coordinada para que surja el efecto deseado.

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Es una realidad que la sociedad está cambiando y nada volverá a ser como antes. También es indiscutible que los gobiernos de cada uno de los países se enfrentan a un dilema nunca visto: la economía vs. la salud. Esta claro que el aislamiento es por el momento el único antídoto para frenar la velocidad de contagio del virus y evitar que los sistemas de salud colapsen, pero por el otro lado el costo de este “remedio” es elevado a nivel económico. Algunos países que cuentan con los recursos pueden llevar a cabo tests preventivos como el caso de Corea del Sur, pero son pocos los que gozan de esta suerte.

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En estos momentos los médicos y los políticos evidentemente no se llevan nada bien. Mientras que los primeros recomiendan el aislamiento, los políticos sufren al ver frenada la economía, sobre todo si están en un año electoral como es el caso de EEUU. En todas estas idas y vueltas los mercados se mueven de forma frenética e irracional. Los inversores ante la incertidumbre total compran cada día una nueva historia que puede ser de éxito, como que la propagación del virus cae en cierta región, o de fracaso, cuando por ejemplo los gobiernos lanzan más paquetes de estímulos. Todo esto lo vemos reflejado en los precios de los activos y en la alta volatilidad.

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¿Cuáles fueron las estrategias de aislamiento de los diferentes países y cómo afecta en los mercados?

 

China implementó la cuarentena más grande de la historia desde fin de enero y por aproximadamente 6 semanas. Es difícil saber con exactitud los resultados reales, pero al menos los datos oficiales indican que su estrategia tuvo éxito. Es un ejemplo de lo que fue una cuarentena total. Las acciones asiáticas son las que mejor se recuperaron por el momento.

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En Italia inicialmente se minimizó el impacto del virus. Cuando vieron las consecuencias nefastas ya era tarde. Terminando la segunda semana de cuarentena, el ritmo de contagio estaría empezando a disminuir pero se teme un rebrote.

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Una historia similar se vivió en España y Francia. El caso de Inglaterra es todavía mas extremo. Teniendo una tasa de contagios elevada, decidieron no frenar la actividad económica hasta que también empezó a fallecer gente joven, se observó el ritmo de multiplicación de los casos y el primer ministro Boris Johnson declaro la cuarentena para evitar que el sistema de salud colapse. Este lunes ya fue implementada.

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El índice que sigue las principales compañías europeas tuvo su peor caída perdiendo un 40% desde el punto máximo a principio de este año y ahora esta con pérdidas del 25%.

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Muchos países de Latinoamérica como El Salvador o Guatemala cerraron sus fronteras inmediatamente y pusieron en práctica el aislamiento obligatorio a toda prisa. Paraguay siguió un camino parecido y Argentina, si bien se demoró más en cerrar las fronteras, se declaró la cuarentena total en un estadio más temprano que los países europeos mencionados.

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En países como el nuestro, un brote del virus podría ser devastador. Fernández dejó en claro que, entre la salud y la economía, elije la salud así que para bien o para mal ya sabemos que camino tomamos. Es difícil aislar el impacto del virus en estos mercados bursátiles ya que son pequeños y además se suman a dificultades financieras preexistentes propias de cada país.

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El gran dilema surge en EEUU, en un controvertido año electoral y en medio del enfrentamiento entre republicanos y demócratas. La postura de Trump es priorizar la economía, aunque hay casos como el de Nueva York o California en los que la decisión de la cuarentena fue tomada por los gobernadores, que justamente son demócratas. Tal es el inconformismo de ciertos sectores de la sociedad que repudian las prioridades de Trump que en redes sociales circuló el hashtag “No voy a morir por Wall Street” (#notdyingforwallstreet).

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Hasta hace unos días el actual presidente de EEUU tenía todo el viento a su favor y este giro inesperado está haciendo trastabillar sus posibilidades de reelección. El S&P 500, que es el índice que incluye a las 500 compañías americanas más grandes, cayo un 35% desde su techo en febrero hasta su piso el 23 de marzo y ahora se encuentra un 23% abajo.

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Por lo pronto y en estos últimos días vimos que el pánico y la incertidumbre inicial por el virus cesó. Aunque todavía no hay ni vacunas ni curas aprobadas, al menos ya todos sabemos que esta situación tiene para largo y lo aceptamos. Estamos lejos de haber salido del problema pero la mente humana al menos necesita tener un panorama más claro para poder sobrellevarlo. Este hecho sumado a los paquetes de ayuda que los gobiernos ya aprobaron y todo el dinero que están dispuestos a inyectar en el sistema hizo que se produzca un rebote en los mercados esta semana.

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De todas formas es extraño que la bolsa festeje mientras el número de contagios se multiplica, no hay suficientes tests ni capacidad en los hospitales y se estén perdiendo millones de empleos. En la última semana sólo en EEUU 3.3 millones de personas pidieron subsidio por desempleo. ¿Se prolongará en el tiempo la suba de la bolsa o es simplemente un rally alcista pasajero en un mercado que ya marca tendencia bajista? Lo sabremos en las próximas semanas. De lo que sí estamos seguros es de que sin salud no hay economía. Pero si tenemos salud y paciencia, en el transcurso de la tormenta aparecerán las oportunidades de inversión que tanto esperan los inversores audaces y tenemos que estar preparados para aprovecharlas.

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Sistema previsional: de tu retiro te ocupas vos, delegarlo al gobierno es el peor error

Escrito por Daniela Wechselblatt, CFA

 

Hoy en día el sistema previsional es un desafío a nivel mundial, y en la Argentina todo está agravado por un Estado que siempre se encuentra escaso de recursos.

Uno de los índices que evalúa los sistemas de pensiones a nivel global es el Indice Mundial de Pensiones de Mercer Melbourne. Compara 37 sistemas de jubilación cubriendo, prácticamente, dos tercios de la población mundial y toma en cuenta 3 variables: adecuación, sostenibilidad e integridad.

Veamos cuales son los países mejores ranqueados:

1) Holanda

2) Dinamarca

3) Australia

Y qué países lideran el ranking de los peores:

Argentina y Tailandia casi con el mismo puntaje. ¿No nos sorprende, cierto? De los tres índices medidos, el mayor problema radica en la sostenibilidad. Este mide la probabilidad de que el sistema actual pueda entregar beneficios a futuro. A nivel mundial el principal problema es el del envejecimiento de la población, que incluye una reducción de la tasa de natalidad o emigración de la población. Si no se sube gradualmente la edad de retiro a medida que aumenta la esperanza de vida, la misma población económicamente activa debe aportar para mantener cada vez a más gente retirada y esto se transforma en una carga más y más pesada para aquellos que trabajan. Es difícil lograr el aumento de la edad jubilatoria sin resistencia de la población.

Adicionalmente a los problemas de fondo que tienen todos los sistemas de pensión, Argentina tiene el factor agravante de ser un país con crisis económicas cíclicas severas y con un estado voraz que necesita de los recursos. Esto llevó a que las reglas cambien constantemente a lo largo del tiempo en un ámbito que se espera que sea estable ya que justamente estamos hablando del retiro de los argentinos. ¿Cuántas veces se modificó el sistema previsional?

Se pasó de un sistema de reparto de “solidaridad intergeneracional” en el que la generación económicamente activa financia la pensión de la generación jubilada, y a su vez la primera será financiada por la generación que le sigue, a la posibilidad de optar por un sistema de capitalización administrado por las AFJP (década del 90’) y luego a partir del 2008 se volvió al antiguo sistema de forma compulsiva. En el medio (a partir del 2005) se empezaron a “rifar” las jubilaciones a través de la moratoria en la que ingresaron personas sin aportes al sistema previsional. Durante todo este tiempo los cambios de reglas de juego, entre otras cosas en la fórmula de movilidad de los haberes, resultaron en un achatamiento cada vez mayor en las escalas jubilatorias y esta historia continua en el presente con las modificaciones que se quieren hacer. Luego de la reciente visita del FMI, también queda la “puerta abierta” para más reformas a futuro. ¿Sostenibilidad? Muy dudosa.

La conclusión es evidente, si queremos asegurarnos un buen pasar para nuestros años de retiro, debemos encargarnos de esta tarea nosotros mismos.

 

¿Cómo lo logramos?

Ahorrando e invirtiendo. El ahorro justamente consiste en posponer el consumo de hoy a cambio de un beneficio a futuro. El ahorro tradicional de los argentinos en ladrillos cada vez rinde menos, se trata de una inversión en dólares con rendimientos en pesos y ya a esta altura tenemos muy en claro quién sale perdiendo cuando hay devaluaciones. Hoy en día las propiedades rinden entre el 1 y el 2% en dólares.

Por otro lado, el simple hecho de comprar dólares y guardarlos debajo del “colchón” resulta incompleto ya que también hay inflación en moneda dura y poco a poco nuestro dinero pierde poder adquisitivo.

Una buena opción es invertir en activos en dólares que den una renta en la misma moneda. De esa forma a lo largo del tiempo nuestro dinero capitaliza, se mantiene en dólares y cuando juntamos un capital considerable podemos vivir de intereses. Lo mejor es hacerlo nosotros mismos, sin siquiera planes de retiro ni empresas aseguradoras intermediarias. Si bien durante la vida económicamente activa del inversor se pueden tener acciones, los activos que se utilizan por excelencia a partir del momento del retiro son los bonos de países desarrollados o de empresas de buena calidad crediticia con bajo riesgo de impago. Nos pagan intereses periódicos y se adaptan a todos los perfiles.

Existe un mundo de renta fija de países desarrollados para inversores más conservadores como por ejemplo EEUU, Francia, Alemania y Reino Unido. También hay de países emergentes para perfiles moderados. Hoy en día las opciones más interesantes se encuentran en los bonos corporativos por sus mejores rendimientos, que pueden rondar entre el 4 y el 7% en promedio en dólares.

Como podemos ver, tenemos opciones y herramientas para que, con la ayuda de profesionales, podamos tomar las riendas de nuestro futuro. No esperemos a que sea tarde.

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Por qué no confiar en los pronósticos de mercado, pero sí en las ganancias de la bolsa

Escrito por Daniela Wechselblatt, CFA – Columna para Perfil

 

El 2018 cerraba un año en rojo en EEUU en el que ninguna clase de activo logró acumular ganancias. Tuvimos un 2019 con una curva de tasas de interés invertida, que se considera un signo de pronta recesión, pero con el correr de los meses esta situación se revirtió hasta llegar a un auge completamente inesperado haciendo que el 2019 cierre como uno de los mejores años en la historia bursátil. El índice S&P, que es el más representativo del mercado americano, termino el 2018 con una pérdida del 4% pero el 2019 ganando un 29%.

En este momento nos encontramos en el ciclo expansivo más largo de la historia americana. La gran pregunta que surge es, ¿qué pasara en el 2020?

Como todos los años, muchos jugadores del mercado salen a dar a conocer sus predicciones.

Pero ¿son confiables estas predicciones?

El gráfico a continuación muestra la dispersión de los retornos del S&P 500 desde 1928 hasta el 2019.

 

Este año, como bien decíamos, el índice cerró con un 29% de ganancias anuales en USD, un retorno excepcional. Como podemos ver, 2/3 de los años el índice cerró al alza y sólo 1/3 a la baja.

Ahora, cuando analizamos las proyecciones de los analistas vs. los resultados reales del índice vemos lo siguiente:

De acuerdo con los estudios realizados de St. Luise Trust Company para Forbes, el consenso de expectativas se mantuvo en un rango del 10% sobre el valor real en la mitad de los años, donde podemos decir que los analistas “acertaron” con la predicción. En la otra mitad de los años la dispersión fue mayor, con lo cual las expectativas no se cumplieron. Incluso en dos años se le erró por más del 40% (en 2002 y 2008).

 

De hecho, muchos “opinólogos” aún menos serios se dedican a pronosticar sistemáticamente la catástrofe. Año tras año predicen el mismo escenario hasta que algún día inevitablemente acertarán por el simple hecho de que la economía tiene ciclos y en algún momento este ciclo expansivo se revertirá. Imaginemos las ganancias que hubiésemos dejado de percibir en todo este tiempo si seguíamos sus consejos.

 

Cuando la estadística nos indica que la mitad de los años los analistas le erran, ¿qué hacemos si no podemos confiar en estas predicciones de corto plazo?

La respuesta es simple: Invertir en el largo plazo

De acuerdo con un análisis llevado a cabo por Morgan Stanley con los retornos anuales del índice S&P 500 desde 1926 hasta el 2016, el retorno promedio anual resultó ser del 10%. Obviamente tenemos años que cerraron en rojo y otros en verde. Para visualizar más claramente este resultado, si hubiésemos comenzado invirtiendo 1000 dólares 90 años atrás, al cabo de ese periodo habríamos alcanzado los 5.474.000 dólares.

 

¿Qué conclusiones podemos obtener del análisis?

Para ganar el 10% anual tendríamos que haber tenido el dinero invertido durante todo el período analizado. Es decir, si tenemos la tentación o la tendencia de entrar y salir de las acciones tratando de vender cuando creemos que está en máximos y comprar cuando consideramos que se encuentran en precios bajos, corremos el riesgo de estar fuera de la inversión en momentos de fuertes subas.

 

¿Qué otra información nos aporta este estudio? Si nos hubiésemos perdido los 15 días de máximas subas en el período de 1926 a 2016, el retorno promedio anual hubiese caído a 5.6%, si nos perdíamos los 30 días de mayores subas el retorno hubiese sido del 3% y, por último, perdiendo los 60 días hubiésemos incurrido directamente en pérdidas. ¿Moraleja? Entrar y salir de las inversiones puede ser peligroso sobre todo si seguimos consejos de quienes dicen ser “expertos” pero que ya vimos que tienen una chance elevada de equivocarse en sus predicciones. Lo importante cuando invertimos en el largo plazo es ser consistentes con la estrategia que utilizamos y mantenerla más allá de la coyuntura.

 

Recordemos que si tenemos un perfil conservador deberíamos estar invirtiendo en bonos de buena calificación crediticia más que en acciones, por su baja volatilidad y el flujo de ingresos constantes que nos proporcionan. El mix de activos ideal depende de cada perfil de inversor.

El escaso poder de predicción de corto plazo es parte de las reglas de juego. Teniendo esto en cuenta deberíamos evitar caer en la trampa de la “bola de cristal” y alcanzar mejores resultados con nuestras inversiones.

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Inversiones en bonos y riesgo de default: Argentina vs. el mundo

Escrito por Daniela Wechselblatt, CFA – Columna para Perfil

 

La inversión en bonos es de las más conservadoras que existen. ¿Por qué? Porque estamos colocando nuestro dinero en el único tipo de activo que tiene un flujo de fondos predecible y que lo conocemos con anticipación.

Entiendo que al leer estas líneas muchos estarán pensando en los bonos argentinos y en el elevado riesgo de default que poseen. Sí, es cierto. Pero los bonos argentinos son la excepción. Así como cualquier empresa que podría quebrar es la excepción a la regla. Es un tipo de riesgo con fuerte impacto en nuestra cartera de inversión, pero con baja probabilidad de ocurrencia. Entonces, ¿cuál es la clave de la inversión en bonos? La diversificación. Por ejemplo, si colocáramos nuestro dinero en 20 emisores diferentes con un porcentaje máximo de nuestra cartera por emisor del 5%, en caso de que uno de ellos tenga inconvenientes de pago, nuestra potencial pérdida esta limitada a ese 5%, un valor completamente recuperable en el lapso de un año asumiendo una rentabilidad promedio anual de ese porcentaje.

Tengamos en cuenta que no debemos caer en ciertas falacias de diversificación. Es el caso de quienes eligen el mismo emisor, por ejemplo deuda argentina, “diversificando” en diferentes vencimientos. La realidad es que si Argentina entra en cesación de pagos el emisor es siempre el mismo (a menos que vayamos a deuda provincial o corporativa, que de todas formas está fuertemente correlacionada pero técnicamente el emisor es diferente).

 

Bonos corporativos americanos

Los bonos corporativos americanos son un instrumento muy común para incorporar en las carteras de inversión. ¿Por qué? Porque en un entorno mundial de tasas negativas como el actual, son de los pocos bonos que todavía rinden. Y si nuestro principal riesgo es el default, que mejor que ver estadísticas. El siguiente cuadro es un estudio de la calificadora de riesgo Standard and Poors que muestra las estadísticas de default que hubo desde el 2011 al 2018 de emisores americanos clasificados por calificación crediticia.

Podemos afirmar que la cesación de pagos en compañías grado de inversión en este periodo fue casi nula (excepto en 2011 que hubo un 0.41% de empresas defaulteadas con calificación BBB-), y que hubo muy pocos inconvenientes con los pagos de las empresas con calificación de BB+ a BB-. Los problemas se concentran en los emisores calificados como CCC que están realmente al borde del default.

 

A modo comparativo podemos ver qué ocurrió en el 2008, peor año de la crisis subprime en EEUU.

Es claro que el porcentaje de compañías que entraron en default se disparó, pero de todas formas estamos hablando de porcentajes bajos. Lo más “alarmante” es el 1.15% de empresas con calificación AA aunque no deja de ser un poco más que una sola compañía en 100.

 

A modo de conclusión, podemos decir que el potencial default de una empresa es un tipo de riesgo que puede llegar a golpear el portafolio de inversión fuertemente. Es por eso se requiere un análisis constante de los emisores que tenemos en cartera, aunque su probabilidad de ocurrencia es muy baja incluso en escenarios de crisis económica. Como no es imposible, la clave sigue siendo diversificar emisores. Argentina, por su lado, tiene como mínimo 4 defaults en su haber a lo largo de la historia (sin contar el default selectivo del 2014), con lo cual debemos entender que al comprar bonos argentinos, estamos prestándole nuestro dinero a un país con un historial crediticio altamente peligroso, sin importar en qué contexto nos encontremos o que beneficios fiscales nos prometan. Esto siempre lo debemos tener presente porque de acá a algunos años la historia se puede repetir.

 

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Cómo saber si se viene una crisis mundial

Escrito por Daniela Wechselblatt, CFA – Columna para Perfil

 

Mucho se habla sobre la desaceleración económica global y la falta de crecimiento, pero la gran pregunta es si esto podría o no conducir a una recesión. Acá no hay ninguna ciencia, sabemos que la economía tiene ciclos, que probablemente estemos en la última etapa del ciclo alcista y que en algún momento esto se revertirá. La gran pregunta es cuando. Desconfíen de quienes dicen poder predecir el timing de este tipo de eventos en el corto plazo, eso no existe. Es prácticamente imposible poder anticipar lo que ocurrirá. Lo que sí podemos hacer es seguir las variables macroeconómicas que afectan en el largo plazo. Acá les mencionamos algunas de ellas:

 

  • Curva de tasas de interés: es una de las variables más observadas por los inversores.La curva de tasas mide el spread entre la deuda de corto plazo y la de largo emitida por el tesoro americano. Una curva empinada es la que se da cuando el spread entre deuda de corto y de largo es amplio. Esto suele indicar que la expectativa a futuro es de crecimiento económico. Históricamente la reducción del spread entre la parte corta de la curva y la larga (el “achatamiento”) e incluso la inversión de la curva se dio en momentos previos a las crisis. Hoy en día se encuentra invertida y esto es una fuerte señal de fin de ciclo. Lo que debemos tener en cuenta es que históricamente, el tiempo que transcurrió entre que la curva de tasas se invirtió y el momento en que efectivamente se dio la recesión fue en promedio de unos 14 meses. Esta ventana de tiempo forma parte de lo que se llama “late cycle period”, que se corresponde con la última fase de auge del ciclo económico previo a la recesión. Las reversiones del ciclo no se dan inmediatamente.

 

En base a datos de Bloomberg, el spread entre la tasa del bono del tesoro a 3 meses y 10 años se tornó negativo a principios de año y la curva ya lleva invertida unos 6 meses.

 

  • Empleo: Por un lado, tenemos la tasa de desempleo y por el otro, la evolución del salario real y en este rubro el panorama se muestra bastante más alentador. Si observamos la tasa de desempleo, se encuentra en 3.7% que es uno de los mínimos históricos. Hoy en día EEUU se encuentra en pleno empleo. En cuanto al crecimiento de los salarios reales, el dato también se ve alentador. Aunque crecen a un ritmo lento, por el momento se mantienen completamente saludables. Como podemos ver en el segundo gráfico, en periodos previos a la crisis del 2008 el salario real había caído fuertemente como consecuencia de la caída en la demanda de empleo.

  • Márgenes de rentabilidad de las empresas: este es otro de los datos algo preocupantes. Como se ve en el tercer gráfico, si la rentabilidad declina las empresas tratarán de recortar gastos. Esto podría hacer que dejen de contratar gente o incluso empezar a despedir y perjudicaría el consumo que es uno de los motores del crecimiento.

 

¿Qué hacer con las carteras de inversión en este escenario?

Recordemos que nuestras inversiones son de largo plazo. Hubo crisis y habrá más crisis, pero a veces el remedio es peor que la enfermedad. A fines del 2012 y fines del 2015 también hubo señales de agotamiento del ciclo económico que terminaron siendo correcciones del mercado. Imaginemos por un instante el elevadísimo costo de oportunidad si desde ese momento hubiésemos tenido toda nuestra cartera en efectivo a la espera de una crisis que nunca llegó. En este momento la política de reducción de tasas de interés de la Fed puede hacer que el actual ciclo económico se extienda más de lo que naturalmente lo habría hecho.

La clave es colocarse en activos de calidad que resistan las posibles turbulencias que se puedan avecinar sacrificando lo mínimo el rendimiento. Los bonos de elevada calificación crediticia son un ejemplo de este tipo de activos. Nos dan una renta y son los que menos se afectan en momentos de elevada volatilidad por el famoso “fly to quality” (vuelo a la calidad). Los metales son recomendables para quienes tienen un porcentaje de la cartera considerable en renta variable ya que al ser anticíclicos, compensan en parte las potenciales caídas de los valores de las acciones. Una ponderación excesiva del portafolio en metales también sería capital parado. A la hora del armado de la cartera deberíamos tomar en cuenta también que industrias son cíclicas y cuales no, para que dentro de una misma clase de activos podamos ir rotando por tipo de industria.

 

Como conclusión, lo ideal es seguir las variables macroeconómicas mencionadas para poder medir la “temperatura” de la economía y poder ajustar las ponderaciones de los tipos de activos que tenemos en nuestra cartera de inversión. Hacerla más conservadora en momentos en los que creemos que hay más riesgo de posible crisis, pero sin hacer cambios radicales porque el costo de oportunidad puede ser elevado. La realidad es que no existen recetas infalibles porque la bola de cristal no la tiene nadie. Lo mas importante termina siendo que nuestras inversiones sean consistentes con nuestro perfil como inversores.

 

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